El Palacio de las Tres Mentiras.

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La Ciudad de Nueva York es un sitio cosmopolita, con una mezcla de culturas de todo tipo, de todos los rincones del mundo, “La Gran Mazana” cuenta con una interminable cantidad de atractivos en cada rincón, y no solamente limitándose a la Isla de Manhattan.

Como es de esperarse, en una ciudad tan importante y grande, el deporte también juega un papel importante en la vida de los neoyorquinos, contando con hasta ocho equipos de distintas disciplinas: los Gigantes y los Jets en la NFL, los Rangers en el Hockey, los Red Bulls y el NYFC en el Fútbol, los Knickerboxers y los Nets en la NBA, y finalmente, los Metropolitanos, y el equipo más famoso de béisbol en el mundo, los Yankees de Nueva York.

En esta ocasión, y tomando la época del año en la que pudimos estar en la ciudad, pudimos asistir a un espectáculo diferente al acostumbrado, nos surgió la curiosidad de conocer de cerca la NBA, el mejor baloncesto del mundo, y el cual tiene en Nueva York uno de los equipos más famosos como lo son los Knickerboxers, o simplemente “Knicks”.

Los Knicks obtienen su nombre gracias a la ropa típica que se usaba en Nueva York en sus inicios, cuando aún se llamaba Nueva Ámsterdam y se encontraban en control de los neerlandeses, el “Knickerboxer” era un tipo de pantalón típico de la época, y de ahí el nombre del equipo.

Los colores son el azul rey y el naranja, propios de la bandera del Estado de Nueva York, y juegan en el Madison Square Garden, la mejor conocida como “La Arena más Famosa del Mundo”, o, “El Palacio de las Tres Mentiras”.

Este último apodo nace por el hecho de que, el Madison Square Garden, no se encuentra en la Avenida Madison (se encuentra entre la séptima y octava avenida), no es un parque (por el mote de Square), y tampoco es un jardín (Garden en inglés), sin embargo, es un sitio que está enclavado en el corazón de Manhattan, a escasas cuadras de sitios como Times Square o el propio Empire State.

Asistimos al juego Knicks en contra de Spurs de San Antonio, consiguiendo tres lugares en una de las zonas altas del Madison Square Garden, y pese a ello, gozamos de una muy buena vista de la duela donde se desarrollaba la acción.

Pese a no ser fanático del básquetbol, debo reconocer que de vez en cuando veo un juego de la NBA, y tenía presente que hoy en día, el baloncesto tiene dos ligas aparte, en la primera juegan los: Warriors de Golden State, los Cavaliers de Cleveland, los Rockets de Houston y el Thunder de Oklahoma City, el resto de los equipos juegan en la NBA.

El partido inició y la afición neoyorquina aplaudió y vitoreó a sus escasos ídolos en la cancha, donde el más aplaudido fue el dorsal seis Kristaps Porzingis, quien incluso es apodado como el “Uknickorn”, el resto, jugadores del montón para el fanático local.

Una vez iniciado el juego, pudimos conocer la esencia de los Knicks, un equipo famoso gracias a la ciudad en donde juega, pero en materia de títulos, solamente dos anillos obtenidos en 1970 y 1973 denotan el poco éxito de la quinteta a nivel nacional.

Un concierto de tiros errados fue el ofrecido por el local, por su parte, el visitante demostró el por qué es uno de los mejores equipos de la Conferencia del Oeste, sin hacer mucho esfuerzo, e incluso mostrándose complaciente al no jugar gran parte del encuentro con el cuadro titular, pudieron derrotar sin muchos aprietos a los Knicks.
La afición solamente demostró chispazos de emoción al inicio del juego, pero a como avanzaba el encuentro, la ausencia de música, gritos y porras hacia los jugadores fue el espectáculo ofrecido por el Madison Square Garden; y en parte comprendí lo complicado que es darle seguimiento y emoción a un deporte donde, comparado a otras disciplinas, es relativamente “sencillo” conseguir un enceste o un punto.

Tan pronto como anotas, rápido debes bajar a defender una ventaja que desparecer en cuestión de cinco segundos, ahora imagínense a un aficionado que no termina de aplaudir cuando ya el otro equipo se fue al frente.

Fue una experiencia distinta, un poco complicada de seguir si no eres un fanático y seguidor asiduo de la NBA, incluso podría decir que el baloncesto es un deporte donde es mejor jugarlo que presenciarlo.

Eso sí, la nota curiosa se la lleva un grupo de aficionados argentinos que se dieron cita en el pabellón para ver a su compatriota Manú Ginóbili, legendario jugador en la organización de San Antonio, quien tuvo bastante participación y brindó una actuación adecuada para sus connacionales.

Así la historia en la NBA, algo distinto a lo acostumbrado.

Ahora sigue la NFL, en un futuro cercano.

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Con esta historia nos retiramos, le deseamos un próspero 2018 y nos leemos otro año más en este espacio.

Hasta la próxima.