Sosoriqui
Columna política | Por Carlos Rochín Mercado
En política municipal, los perfiles de ocasión suelen confundir el ruido mediático y de redes sociales con el arraigo. Ambrocio Chávez Chávez no pertenece a esa generación espontánea de aspirantes que descubre su vocación cuando aparece una candidatura. Su decisión de buscar la presidencia municipal de Salvador Alvarado es abierta, legítima y decidida; pero, sobre todo, tiene como soporte años de trabajo territorial, formación partidista y representación popular. El “Profe Bocho” no está improvisando una aventura electoral: está levantando la mano para encabezar el municipio donde construyó su vida profesional, familiar y política. Y eso, en tiempos de ligereza y ocurrencias, representa una diferencia de fondo.
Como hemos señalado con anterioridad, el reloj morenista ya está corriendo. El calendario nacional reservó el 22 de junio para las coordinaciones estatales, el 3 de agosto para los distritos federales, el 21 de septiembre para las coordinaciones municipales y el 8 de noviembre para los distritos locales. Sin embargo, al corte de este 11 de septiembre, la convocatoria municipal específica todavía no aparece en el archivo oficial de Morena; por tanto, no sería ético inventar horarios, cierre de registros o fecha de encuesta que el CEN aún debe formalizar. Lo cierto es que Sinaloa ya tiene coordinadora estatal: la senadora con licencia Imelda Castro Castro fue designada el 26 de agosto. Ahora empezará a desgranarse la mazorca municipal.
La primera razón para considerar seriamente a Ambrocio Chávez es su experiencia probada. Recordemos que, ganó dos veces consecutivas el distrito 09 y representó en la LXIV Legislatura a Salvador Alvarado y Angostura; hoy, en la LXV, su distrito comprende también una parte de Navolato. En ambas elecciones se alzó con el triunfo de forma contundente, con una copiosa e histórica votación para el distrito. En su primer periodo presidió la Comisión de Puntos Constitucionales y Gobernación; actualmente encabeza la estratégica Comisión de Hacienda Pública y Administración, además de ser secretario de Justicia e integrante de las comisiones de Salud y de Familia, Niñas, Niños y Adolescentes. No hablamos, pues, de un político en etapa de aprendizaje, sino de un legislador que conoce la ley, el presupuesto y la negociación institucional, como acredita su trayectoria oficial en el Congreso de Sinaloa.
Desde Puntos Constitucionales acompañó el acuerdo unánime para trasladar los poderes estatales a Guamúchil durante el aniversario de su municipalización; desde Hacienda condujo el análisis del Presupuesto 2026, aprobado con consenso de todas las fuerzas, con más de 60 por ciento del gasto dirigido a educación, salud y atención de sectores vulnerables, además de una ampliación de 311 millones de pesos para seguridad pública. Igualmente promovió, junto con Banobras, un espacio de capacitación financiera para servidores de los veinte municipios sinaloenses. Son hechos verificables que hablan de capacidad para construir acuerdos y gestionar recursos, no solamente de presencia mediática o discurso de temporada.
No obstante lo anterior, detrás del legislador está el educador. Su formación como profesor de primaria, licenciado en Ciencias Sociales, maestro en Investigación Educativa y docente universitario de la UAS y la UPN explica buena parte de su disciplina y cercanía social. Por eso, cuando aquí lo hemos llamado “maestro de vocación y político por convicción”, no recurrimos a una frase ornamental. Es también un “operador político por excelencia”, una especie de “cardenal del morenismo en el Évora” y un “hombre forjado en la izquierda genuina” que: desde el Partido Comunista Mexicano, el PSUM y el PRD, hasta su incorporación a Morena en 2017. Su historia partidista no comenzó en la comodidad del poder, sino en las luchas sociales, magisteriales y democráticas de más larga data.
Su soporte familiar tampoco es un dato menor. A su lado ha estado la maestra Sobeyda Rodríguez, compañera de vida y parte fundamental de una familia construida con trabajo, sencillez y respeto. Sus hijos Areby, médica familiar; Frida, profesionista del turismo, y Uriel, ingeniero industrial, son expresión de los valores inculcados en casa y de la importancia que el matrimonio Chávez Rodríguez ha dado a la educación. No se trata de convertir la familia en propaganda, sino de observar que quien aspira a gobernar debe empezar por mostrar congruencia en su entorno inmediato. En una sociedad alvaradense que exige referentes de responsabilidad, esa estabilidad constituye también un activo público.
Pero una candidatura debe justificarse por lo que propone hacia adelante. Ambrocio comulga con una administración de apertura política, incluyente y capaz de escuchar a los sectores productivos, comerciantes, agricultores, jóvenes, mujeres, profesionistas, comunidades rurales y fuerzas políticas distintas. Un gobierno abierto no puede quedarse en consigna: debe traducirse en presupuesto comprensible, obra pública transparentada, un cabildo que escuche, evaluación de resultados y atención ciudadana sin colores partidistas. Su origen de izquierda lo obliga, además, a cumplir con los principios de no robar, no mentir y no traicionar. No como frase de campaña, sino como regla verificable del ejercicio público.
Hay, además, un vínculo político y amistoso entre Ambrocio Chávez e Imelda Castro, construido durante años de coincidencias en causas sociales, políticas y partidistas. Ese vínculo importa, aunque no debe presentarse como pasaporte automático ni como un destape que la coordinadora estatal no ha realizado. Imelda sostuvo recientemente que Morena cuenta con cuadros de “experiencia, honestidad, valores y principios”, y explicó que las definiciones municipales deberán surgir de encuestas y criterios de equidad. Hay que subrayarlo, que sin atribuirle una expresión personal que no ha hecho, resulta evidente que el perfil del Profe Bocho encaja en las características públicas descritas por la propia coordinadora estatal.
En cuanto a rentabilidad electoral también ofrece señales distribuidas entre la ciudad y las colonias populares de Salvador Alvarado, a las que un servidor ha tenido acceso, estudios de opinión pasados y recientes, catapultan el perfil de Ambrocio Chávez, como la figura política más fuerte para la alcaldía, no solo del morenismo, sino entre las diferentes ofertas partidistas como del PAN, PAS; PRI y MC. Sabemos que las encuestas son un termómetro preliminar, una fotografía del momento y debe valorarse con la reserva correspondiente, aún así, la ventaja reportada es demasiado amplia para ignorarla. La propuesta a Morena es simple: que lo mida, que contraste trayectoria, territorio, honestidad, capacidad de gobierno y competitividad. Ambrocio se ha ganado estar en la encuesta definitiva.
Hoy, Salvador Alvarado necesita experiencia sin soberbia, apertura sin simulación y autoridad política acompañada de sensibilidad social. En esas coordenadas, Ambrocio Chávez representa algo más que otra aspiración: está convertido en el factor que puede conciliar al movimiento, competir con rentabilidad y gobernar con oficio. Su origen lo hizo maestro y hombre de izquierda; Salvador Alvarado lo convirtió en gestor, legislador y referente público, y el destino político parece haberlo colocado frente a la responsabilidad para la que se preparó durante toda una vida. La última palabra corresponderá al pueblo y al procedimiento de Morena. Pero, desde ahora, a nadie debería caberle duda: el Profe Bocho es lo que el municipio necesita y una opción que merece ser tomada muy en serio. Atentos. Muy atentos.
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